domingo, 23 de julio de 2017

Un año duro, unas vacaciones por delante para recuperar.

 Este año ha sido duro, muy duro; con el marido trabajando fuera de casa durante la semana un trabajo a tiempo completo y 3 niñas que dependen de mí, me he visto al límite más de una vez. Este año he tenido una aupair y la experiencia ha sido bastante regular. No es la primera aupair que tenemos, y no va a ser la última; es una experiencia, en mi opinión muy buena para las chicas que vienen como para mis hijas.
 Yo misma fui aupair hace taitantos años, cuidaba de 4 chiquillos con edades comprendidas entre los 11 y los 2 años, desde prepararles el desayuno, hasta acostarles. Era un trabajo de aupair de verdad, no de chacha barata, no me contrataron con la excusa de cuidar niños para que estuviese limpiando una casa de sol a sol; no, mis obligaciones se limitaban al cuidado de los niños. Y fue una experiencia estupenda y muy gratificante, conocer otra cultura, practicar otro idioma, viajar barato y sacarme un dinerillo extra.
 Para mis hijas también veo ventajas: convivir con gente de fuera de la familia conocer otras culturas, practicar idiomas y ahorrarse tener que estar fuera de casa todas las horas que yo trabajo. Pueden desayunar en casa, comer en casa y si alguna se enferma, hay alguien en casa de confianza para cuidarlas.
 El caso es que la de este año ha hecho lo justo para que yo no pete, ni más, ni menos. Gracias a ella he podido trabajar, pero no he tenido un respiro en todo el curso. La chica era educada y cuidaba bien a las niñas, pero no he parado en todos estos meses de tener la sensación de agobio monumental.
 La siguiente ¿cómo será? Si no vuelvo a escribir en todo el año, ya sabemos la respuesta 😅


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