domingo, 30 de julio de 2017

Tanta paz lleves...

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Son muchas las personas que he dejado atrás, algunas por voluntad propia, otras se fueron causando emociones en mí de lo más variadas, desde pena, añoranza, arrepentimiento y dolor hasta alegría, alivio y esa agradable sensación de haberme quitado un gran peso de encima.
Una amiga a la que perdí hace unos años es de esas, durante muchos años pensé que era mi mejor amiga, pensé que me quería lo mismo que yo a ella, y un día me mandó a la mierda. Yo había pasado una época mala, muy mala (varios funerales y mala época en el trabajo) y, durante ese verano ella me había mandado un e-mail, ese mensaje estuvo perdido en mi buzón durante meses. Hago un inciso para explicar que llevo miles de mensajes sin leer desde hace años, no los borro por si hay algo importante, pero deben llevar al menos 4 años sin abrir.
Total, que yo no leí el e-mail en su momento, y un día la llamé para saber que era de su vida y me colgó, para luego escribirme un SMS diciendo que ahora era ella la que ponía las normas...y bueno, poco más que hablar después de aquello. Se acabó la amistad y me quedé en la mismísima gloria.
El caso es que desde aquel día, cada vez que pierdo un amigo, me acuerdo de ella y no es con pena, es sólo para confirmar que hay gente que mejor dejar ir, y si no eres capaz de dejarlo ir, con suerte, ellos se irán de tu vida para siempre.

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